Mis citas

Cita de Juan José Millas en El País el 19 de Noviembre de 2009

"Los vocablos no sólo contienen definiciones, también tienen sabor, textura, volumen, que las hay imposibles de tragar, como el aceite de ricino y las que entran sin sentir, como un licor dulce.
Las que curan y las que hacen daño, las que duermen y las que despiertan. Las que proporcionan inquietud y paz. Hay palabras, incluso, que matan".
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miércoles, 27 de enero de 2010

La Guerra


La querra no nace
la guerra se hace,
el hombre se mata
con armas y bombas.

Las bombas explotan
en un par de segundos,
destruyen muchas cosas
que son bellas y hermosas.

La guerra es maldad,
la paz es bondad,
la guerra es injusta
la paz es bondad.

Algunos se esconden
para no morir,
otros se duermen
para no sufrir
algunos rezamos
para pedir:
que la guerra en el mundo
deje de existir.

viernes, 22 de enero de 2010

La vida y el amor


Sopla el viento, vuela el tiempo
y con él la esperanza.
Muere una vida, nace otra vida
y con ella la esperanza.
Nace un nuevo amor, nace una nueva vida
y con ella la ilusión de volver a ser.
De nuevo el mundo gira
y con el todo gira alrededor.
¿Qué es la vida?
Qué es el amor?
¿Qué es la pasión
Vanidad, todo es vanidad
Porque al final del camino
todo volvera a su lugar.
El rico morirá.
El vagabundo morirá.
Que pequeño es el mundo
que cuando menos lo esperamos
encontramos la aguja perdida.

jueves, 14 de enero de 2010

Cuento de Navidad


CRITICA CUENTO DE NAVIDAD
Pues yo no he visto la pelicula. he leido el libro,pero la historia no me ha gustado mucho. Más que nada el principio ya que al empezar la historia no te llama mucho la atención pero a menudo que pasa el tiempo te gusta un poco mas.

La parte que más me gustó fue la visita de los 3 espiritus y en especial al final, cuando Scrooge cree en la Navidad.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Donde está el amor-Franco de Vita ft. Wisin & Yandel


Que no me falte la palabra ni el dolor
para poder decirte lo que pienso
ni una grieta para que puedas mirar
un corazón que no tiene descanso
y un mar que se propone a hacerse cada vez mayor
y un cielo que se nubla y se llena de rencor
y todo se define dependiendo de un color

y donde esta el amor
que ya se me olvido

que no me falte la memoria pa´ contar
lo visto y lo que estamos viendo ahora
ni garganta si es que tengo que gritar
y que la libertad no venden sueños

ay que no me falte el aire cuando tenga que volver
que no me arranquen de raiz que solo se nace una vez
y a ver si tengo suerte que en algo hay que creer

y donde esta el amor
que ya se me olvido (2)

que no me falte el aire cuando tenga que volver
que no me arranquen de raiz que solo se nace una vez
y a ver si tengo suerte que en algo hay que creer

ayy donde esta el amor
que ya se me olvido
y donde esta el amor
alguien se lo robo
y donde esta el amor
que ya se me olvido
y donde esta el amor
alguien se lo robo

He puesto esta cancion porque me gusta y habla de la situacion actual del mundo.

martes, 1 de diciembre de 2009

¿Y la Navidad?

Dindón era un duendecito alegre y movedizo que vivía junto a su familia en una ciudad habitada sólo por duendes. Siempre estaba contento y hacía reír a los demás.

Si iba a la escuela, su mamá salía corriendo tras él para alcanzarle la mochila, si iba a jugar a la pelota, se acordaba al momento de patear que la había dejado en su casa.Dindón era famoso en su cuidad por perder las cosas, pero como todos lo sabían, cada cosa que aparecía y no tenía dueño, ya sabían a quién preguntarle.

Dindón amaba la Navidad. La esperaba con ansias y -siempre y cuando no los perdiera- le gustaba mucho leer cuentos y ver películas de Navidad. Sus padres no creían demasiado y por ende no le hablaban de lo que era realmente, por lo que el duendecito creció creyendo que la realidad era lo que le mostraban los libros y las películas. Mientras fue muy chiquito no hubo problemas, pero cuando creció las cosas se complicaron. Desde muy pequeño Dindón creció -como tantos niños escuchando historias de blancas Navidades- donde todos los paisajes se cubrían de nieve, los niños hacían muñecos con bufandas y los arbolitos más que verdes, eran blancos.
En las películas que veía ocurría también lo mismo, Papá Noel, muy abrigado, sobrevolaba con su trineo blancas montañas y sus renos tenían siempre la punta de nariz llena de nieve. En cada cuento, en cada relato y cada película Dindón se acostumbró a ver una Navidad blanca, paisajes con nieve, gente abrigada, árboles plagados de copos y renos con la punta de las narices muy frías.

Con el tiempo Dindón creció y ahí empezó la gran confusión. La primera Navidad que Dindón tuvo más conciencia de las cosas, se enfrentó a lo que él creyó era un grave problema.
Esperaba la Navidad con muchas ganas como siempre y también como era costumbre leía y releía los mismos cuentos y veía las mismas películas; las que le habían quedado, pues otras las había perdido.

Un día salió a la calle y se dio cuenta que, a pesar de faltar poco para el 25 de diciembre, el calor era realmente agobiante, el sol se había quedado como paradito firme arriba de él y todo brillaba bajo su luz. Nada encontró de blanco en el paisaje que veía, los verdes eran muy verdes, no había renos, sino perros callejeros cuyas narices no estaban para nada congeladas y por más que buscó y buscó no encontró ni un solo muñeco de nieve.

Comenzó a correr desesperado, creyendo que –una vez más- había perdido algo. Los otros duendes que lo vieron pasar corriendo y con carita de preocupado, le preguntaron qué le pasaba:

– ¿Dónde está? ¿Dónde está? Gritaba Dindón desesperado.
– ¿Dónde está ,qué amiguito? Le preguntaba los vecinos, creyendo que –como era costumbre- había perdido algo.
– ¿Dónde está? ¡No la veo, no la veo!
– ¿Qué perdiste esta vez Dindón? Se escuchó al unísono
– Perdí la Navidad. Se perdió, no está, la debo haber perdido yo. Sollozaba muy triste el duendecito.

Nadie entendía nada. Todos los duendes se miraban entre sí y finalmente miraban al pobre Dindón que no hacía más que llorar sin consuelo.

– ¿Cómo se va a perder la Navidad amiguito? ¿Qué estás diciendo? Preguntaban unos.
– Con este duendecito nunca se sabe. Decían otros. Vive perdiendo todo, a ver si termina siendo cierto y nos quedamos todos sin Navidad.

Cuando pudo calmarse un poco Dindón les explicó:

– La Navidad es blanca, tiene nieve, renos con la punta de la nariz como helados de agua, muñecos hechos en las plazas con narices de zanahoria, hace frío y los árboles no son verdes, pues están llenos de copos blancos que los cubren. ¡Todo eso se perdió! Volvió a sollozar nuestro amiguito.

Los demás duendes lo miraban creyendo que el pequeño no sabía lo que decía, pero en realidad sí sabía. Nadie le había enseñado lo que era la Navidad realmente y fue creciendo creyendo la realidad salía de un cuento o de una película.

– ¡Ya decía yo que este pequeño era un peligro! Miren lo que fue a perder ahora. Intervino un duende gruñón que nada entendía de ilusiones, creencias y Navidades.
– ¡Pero qué dice! Le contestó otro, ¿no ve que está confundido?
– ¡Es culpable! Decían unos que tampoco creían mucho en nada.
– ¡Culpable de qué! Retrucaban otros que no sólo creían, sino que sabían verdaderamente lo que era la Navidad y de qué se trataba.
– Creo que acá hay una gran confusión, dijo un duende viejito y muy sabio. Dindón no hay de qué preocuparse. Agregó.
– ¡Cómo que no! Lo que veo en nada se parece a cómo yo veo que es la Navidad. ¡Se perdió, se perdió y seguro yo tengo que ver con esto!
– Tranquilo amiguito. Aquí no se perdió nada. Lo que ocurre es que creciste sin que nadie te explicara se qué trataba y cómo era. Navidad, es siempre Navidad, haya nieve o sol, calor o frío. No pasa por el paisaje y lo que nos cuentan relatos o películas de otros países.
– No entiendo, no entiendo. Decía Dindón agarrándose su gorrito de duende temiendo perderlo.
– En Navidad celebramos el nacimiento del niño Jesús, para esta época en algunos lugares hace mucho frío, en otros, como nuestra cuidad, mucho calor. Lo importante es festejar junto a los seres que amamos que Jesús ha nacido y que con él, nacen nuevas esperanzas y una vida nueva para todos.
– ¿Y la nieve, y los renos con sus narices congeladas? Preguntó Dindón.
– Esa es la forma con la que representan en otros lugares, pero la Navidad es una, está en el corazón de cada uno, en el amor hacia los otros, en compartir con los seres queridos ese momento tan importante. Se trata de estar en familia, con calor o frío, con lluvia o sol.

Dindón miraba al duende viejo tratando de entender lo que nunca nadie le había explicado correctamente.

– Te repito amiguito, la Navidad no depende de lo que veas a tu alrededor, cada 25 de diciembre se produce el mismo milagro, el niño Jesús vuelve a hacer y lo hace en el corazón de cada uno de nosotros, los que creemos.
– ¡Ahora sí entiendo! Entonces no se perdió, yo no hice nada, no importa que nuestro paisaje no sea el que siempre vistió la Navidad para mis ojitos.
– Eso es, no busques afuera lo que está dentro tuyo, creo que sería bueno que hables con tu familia sobre esto ¿no te parece?
– ¡Gracias, muchas gracias amigo! Grito el duendecito y salió corriendo muy contento a su casa.

Por primera vez y gracias a la confusión de Dindón, su padres se pusieron a pensar que jamás le habían enseñado a su hijo de qué se trataba realmente la Navidad. Fue hermoso descubrirlo juntos, en familia.

Así fue que Dindón ,y sus papás también, aprendieron realmente que el milagro de la Navidad no vive en un copo de nieve, ni en un paisaje blanco. Es un milagro que año a año se renueva en el corazón de cada duende o persona que cree.

De todos modos y por las dudas, cada diciembre Dindón les recordaba a su familia y todos los que lo quisieran escuchar de qué se trataba la Navidad, no fuera cosa que el verdadero espíritu navideño volviera a perderse.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Debajo de la cama

Red y Sara entraron en la habitación de su hijo al escuchar los gritos. Carlos tenía seis años. Lloraba y gritaba de verdadero pánico. Tenía los ojos hinchados y las lágrimas atravesaban sus sonrosadas mejillas para ir a desaparecer entre las ropas de la cama; a las que se sujetaba como un loco.
La luz estaba apagada y la oscuridad era casi total, a no ser por la columna de luz que penetraba a través de la hendidura dejada por la puerta.
Carlos llamaba desesperadamente a sus padres...
Red y Sara le encontraron con el cuerpo envuelto en sudor y completamente pálido.
Red trató de calmarle:

-Tranquilo, sólo ha sido una pesadilla, lo mejor será que te vuelvas a acostar y mañana por la mañana me cuentes que es lo que has soñado.
-¿Que...?- Carlos aun parecía estar medio dormido -¡No!- dijo de repente -¡No ha sido una pesadilla!, ¡algo se estaba moviendo a los pies de mi cama!.
-Sí, es posible que esté diciendo la verdad- intervino Sara dirigiendo una mirada cómplice a su marido -como también es posible que esta habitación esté llena de fantasmas y que bajo la cama vivan seres terroríficos.
¿Cuántas veces te hemos dicho que esas cosas no existen?
-Muchas- respondió Carlos no muy convencido.
Otra mirada de Sara indicó a Red que le tocaba hablar a él. Entendió el gesto de inmediato y se dispuso a sermonear a su hijo, que poco a poco iba recuperando el color.
-Tu madre tiene razón y tu lo sabes, aparte de que ya eres mayorcito para dejar de tener miedo a esas cosas.
-¿Te gustaría que se enterasen tus amigos del colegio?, seguro que no, se reirían de ti. Debes aprender a dominarte, igual que has aprendido a no mojar las sábanas, ¿lo recuerdas?. Podría hablarte durante largo rato, pero sería inútil, lo que quiero que aprendas de esto es lo siguiente: que temer a la oscuridad y a lo que hay en ella es cosa de niños muy pequeños y que, a medida que te haces mayor, ves que nada de esto existe. ¿Lo entiendes?.
-Sí- dijo Carlos.

Red sonrió y vio como su mujer también lo hacía. Acababan de pasar por una de las típicas charlas de los padres con los hijos.
Carlos vio a sus padres marcharse de la habitación apagando la luz que habían encendido al entrar. Cerraron la puerta totalmente. Ahora la oscuridad sí era completa.
Carlos se convenció de que sólo había sido un sueño; que no estaba realmente despierto cuando le pareció ver algo extraño.
Apoyó la cabeza en la almohada y se tapó completamente con las sábanas. Hacía mucho frio. Intentó dormirse, necesitaba descansar.
Cerró los ojos y se se introdujo en un profundo sueño, tan profundo que no advirtió la mano que le acompañaba bajo las sábanas, una mano eternamente fría y descarnada.
La mano que le llevó, de un tirón, al otro lado de la oscuridad.