Sol amargo, agua amarga, amargo vientoy amarga sangre para siempre amarga.Vencido y solo en carne y pensamiento,y el sueño antiguo por tesoro y carga.Quiso callado y solo y sin lamentosorbo a sorbo agotar su fuente larga.Miserable señor de su destino,de espaldas a la aurora abrió el camino.
De espaldas a su Oriente y a su gloria,y hueso adentro una centella vaga,mordió el seco laurel de su victoriay nunca fue curado de su llaga.Terco aguijón de luto su memoria,en toda miel ejercitó su plaga.Y entre las brumas del silencio agrariofue una lenta sonrisa su calvario.
Pero entre sus espigas y sus flores,cuando la muerte le entreabrió las puertasel guerrero de blancos y resplandoresdianas oyó por las borradas huertas.¡Mi caballo!, gritó: y en los alcoresresonaron angélicos alertas.¡Mi caballo! Montó el corcel sombrío,y tendió su galope sobre el frío.